The World: Trump, el negociador de deportaciones
Además: Irán, entre plazos y propuestas.
El Times
7 de abril de 2026

Bienvenidos a The World, un boletín sobre la actualidad internacional.

Buenos días a todo el mundo. Estamos esperando, igual que tú, para saber si la guerra en Irán está a punto de tomar un giro significativo. Más adelante hablaremos de eso. Pero antes, quiero hablarte sobre una historia importante de la que informaron algunos de mis colegas.

El presidente Donald Trump llegó al poder el año pasado con la promesa de reducir radicalmente la inmigración y deportar a “millones” de migrantes. Sin embargo, se ha quedado muy lejos de su objetivo de deportaciones, y luego de que una serie de operaciones migratorias de alto perfil en ciudades estadounidenses agotara la tolerancia hacia la detención masiva, eso se está convirtiendo en un problema político.

Por eso, el gobierno está recurriendo cada vez más a hacer acuerdos con países dispuestos a recibir a los migrantes que no pueden ser devueltos a sus patrias. En esta edición escribo sobre cómo Trump ha convertido las deportaciones masivas en un impulsor de la política exterior estadounidense.

También:

  • El plazo de Trump para Irán.
  • La exploración del lado oculto de la Luna.
  • El censo más grande del mundo.
Personas con equipo táctico de pie sobre una línea amarilla fuera de una hilera de celdas de prisión.
El año pasado, Estados Unidos deportó a venezolanos a una prisión de máxima seguridad en El Salvador. Fred Ramos para The New York Times

Un nuevo tipo de deportación

En marzo de 2025, apenas un par de meses después de que el presidente Trump asumiera el cargo por segunda vez, Estados Unidos deportó a más de 200 venezolanos; pero no a Venezuela, sino a El Salvador. Ahí, fueron retenidos cuatro meses en una prisión de máxima seguridad con mala fama.

A cambio de recibirlos, el presidente de El Salvador, Nayib Bukele —quien ya tenía fama de pisotear los derechos humanos— recibió millones de dólares (lee sobre este acuerdo, en español). El Departamento de Estado estadounidense mejoró su recomendación de viaje a El Salvador, y lo catalogó como uno de los países más seguros del mundo para visitar. Otros países observaban con atención en busca de formas, como dijo un experto jurídico, de “emular el acuerdo de Bukele”.

Desde entonces, según informan mis colegas en una nueva investigación sobre la que puedes leer en español, muchos más —alrededor de una decena, hasta donde sabemos— han tenido su oportunidad.

El acuerdo de El Salvador fue uno de los primeros ejemplos importantes de las “deportaciones a terceros países” buscadas por el gobierno de Trump: deportaciones que envían a los migrantes a países que no son los suyos. Estos acuerdos arrojan a personas a lugares con los que no tienen ningún vínculo y, a menudo, a sistemas jurídicos en los que los derechos humanos y las libertades civiles tienen poco peso.

¿Qué obtienen exactamente estos países a cambio? Eso no está del todo claro. No obstante, mis colegas descubrieron que estos acuerdos se han convertido en una prioridad para la Casa Blanca, hasta el punto de que los diplomáticos estadounidenses lo han puesto casi todo sobre la mesa de negociaciones: Estados Unidos está dispuesto a pagar a fuerzas de seguridad extranjeras, flexibilizar restricciones de visados o aranceles, financiar servicios de salud pública e incluso reconsiderar la inclusión de un país en sus listas de vigilancia.

Estados Unidos primero, en África

Mis colegas vieron un cable enviado en febrero desde la oficina del secretario de Estado Marco Rubio. Lo que revelaba era a un gobierno dando guía a sus diplomáticos sobre cómo persuadir a sus homólogos extranjeros para que firmaran uno de estos acuerdos de deportación.

“Si están dispuestos a recibir más personas, posiblemente podemos ofrecerles más ayuda”, era una de las frases sugeridas.

“Sin prometer nada, ¿qué tienen en mente?”, era otra.

El cable no imponía ninguna restricción sobre con quién debía negociar Estados Unidos. En relación con una lista de “países bajo observación” no especificados, se dijo a los diplomáticos que aceptar migrantes “puede ayudar a un país a mejorar su relación con Estados Unidos”.

Mis colegas descubrieron que algunos de los dirigentes más receptivos solían ser autoritarios, autócratas y violadores de los derechos humanos.

El gobierno de Trump está en conversaciones para enviar migrantes a la República Centroafricana y recientemente llegó a un acuerdo con la República Democrática del Congo, dos países donde los sistemas judiciales suelen ser disfuncionales y los gobiernos han sido vinculados a torturas y desapariciones forzadas.

También ha hecho acuerdos con Camerún y Ruanda, ambos gobernados por líderes autoritarios. Tiene un acuerdo con Guinea Ecuatorial, donde la tortura es sistemática, y con Esuatini, que tiene un historial de abusos contra los derechos humanos. Sudán del Sur, que se encuentra al borde de una guerra civil, también ha recibido migrantes.

La recompensa ha sido generosa. Por ejemplo, semanas antes de que Guinea Ecuatorial anunciara su acuerdo, el gobierno de Trump levantó temporalmente las sanciones a su vicepresidente para que pudiera viajar a Estados Unidos para asistir a la reunión de la Asamblea General de las Naciones Unidas. También transfirió al país 7,5 millones de dólares.

Un gran avión blanco visto a través de una valla metálica.
Un vuelo operado por el ICE en Seattle el año pasado. Lindsey Wasson/Associated Press

Un enfoque singular

No es inusual que las prioridades de la política interna se reflejen en la política exterior, especialmente en el caso de un país poderoso como Estados Unidos. Después del 11 de septiembre de 2001, la guerra de Estados Unidos contra el terrorismo dio forma tanto a la política interna como a la exterior.

Tampoco es poco frecuente que los países sean transaccionales en sus objetivos diplomáticos. La ayuda o la inversión extranjeras a menudo vienen con condiciones. En el pasado, eso podía significar hacer cumplir los derechos humanos o promover las ideas estadounidenses sobre la democracia.

En ese sentido, los esfuerzos del gobierno de Trump por aumentar las deportaciones no hacen sino reflejar el cambio ideológico dentro de la Casa Blanca. Y esos esfuerzos ocurren en el contexto de un vacío de ayuda, generado por la abolición el año pasado de la Agencia Estadounidense para el Desarrollo Internacional, lo que le da a Washington aún más influencia.

Hablé con mi colega Eileen Sullivan, una periodista de Washington que investigó estos acuerdos. Eileen me dijo que una de las principales diferencias con la actual campaña para presionar a los países para que acepten acuerdos de deportación es la singular atención que se presta a dar prioridad a la aplicación de las leyes de inmigración, en todos los departamentos del gobierno.

Durante la presidencia de Joe Biden, dijo, el Departamento de Seguridad Nacional también se enfocaba en la inmigración, pero el Departamento de Estado estaba más enfocado en Ucrania. Ahora “todos están alineados”, dijo.

“La diferencia es que ahora todos están en la misma sintonía”, dijo Eileen. “Todas las agencias del gabinete saben que la inmigración y la agenda de deportaciones son la máxima prioridad”.

QUÉ MÁS ESTÁ PASANDO

Donald Trump hablando desde un atril.
El presidente Trump en una rueda de prensa el lunes en la Casa Blanca. Kenny Holston/The New York Times

El plazo de Trump para Irán

Trump amenazó con una destrucción generalizada en Irán si sus dirigentes no cumplen su plazo del martes para abrir el estrecho de Ormuz, pero también dejó entrever la posibilidad de que la diplomacia pueda evitar una escalada.

“Les damos de plazo hasta mañana a las 8 en punto, hora del Este, y después de eso no tendrán puentes, no tendrán centrales eléctricas… la Edad de Piedra”, dijo Trump el lunes en una conferencia de prensa en la Casa Blanca.

Sin embargo, también dijo que los dirigentes iraníes estaban participando en negociaciones productivas. “A ellos les gustaría poder llegar a un acuerdo”, afirmó. Sus declaraciones se produjeron después de que Irán presentara una nueva propuesta de paz de 10 puntos. Sigue nuestras actualizaciones en directo, en inglés.

Otros acontecimientos:

El video muestra a un hombre con un modelo a escala de la Luna, hablando sobre el recorrido de los astronautas del Artemis II.
The New York Times

Un viaje al lado oculto de la Luna

Los cuatro astronautas de la misión Artemis II a la Luna se convirtieron el lunes en los seres humanos que más lejos han volado de la Tierra, al superar el récord establecido por el Apolo 13.

Luego los astronautas pasaron por detrás de la cara oculta de la Luna, y vieron partes de ella que el ojo humano nunca antes había observado. En el proceso, perdieron el contacto por radio con la Tierra durante alrededor de 41 minutos. Sigue nuestras actualizaciones en directo, en inglés.

Antes de ese momento, mi colega Marco Hernandez explicó que los astronautas verían cráteres, llanuras y otras partes de la Luna que podrían ayudar a la NASA a establecer una base lunar en el futuro. Mira el video, en inglés.

EN INGLES HAY MÁS

DEPORTES

Kylian Mbappé corriendo.
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EL PROBLEMA DE PAREJA DEL DÍA

Un restaurante vacío con las mesas puestas.
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LA LECTURA MATUTINA

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ALREDEDOR DEL MUNDO

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La palabra de Dios con complementos llamativos

Cada vez son más los estadounidenses que compran Biblias costosas y de gama alta. Estas incluyen una amplia variedad de traducciones encuadernadas en cuero auténtico y, en muchos casos, con elementos adicionales como elaboradas ilustraciones.

El costo puede ascender a 400 dólares por un solo libro, una cifra notable tratándose de un texto que se ha impreso ininterrumpidamente desde la invención de la imprenta y que a menudo se distribuye gratuitamente.

“Esto es realmente la palabra de Dios”, dijo un coleccionista. “¿Por qué no tener un ejemplar muy bonito?”. Lee sobre las biblias premium, en español.

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