El miércoles falleció Eusebio Poncela. A su sapiencia como actor se unían su rostro enigmático —estilo Terence Stamp—, un físico prodigioso (sobrevivió a sus enganches a la droga por su pasión por el ejercicio) y una falta absoluta de filtro verbal, lo que le convertía en un regalo para los periodistas. Solo mencionando estas cinco películas ya merecería un sitio privilegiado en la gloria: Arrebato, Matador, La ley del deseo, Martín (Hache) e Intacto (la única por la que fue nominado a los Goya). Pero trabajó mucho, muchísimo, en cine, teatro y televisión. Algunos ejemplos: La semana del asesino, Los gozos y las sombras, Werther, Operación Ogro, El arreglo, Pepe Carvalho, El Dorado, Continental, El rey pasmado, El invierno en Lisboa, El beso del sueño, El laberinto griego, Remake, Hermanas, Vengo con la lluvia, Sagitario, Los Borgia, Águila roja, Teresa, el cuerpo de Cristo, Tuno negro...
y encarnó al cardenal Cisneros (villano esdrújulo) en las series El Ministerio del Tiempo y Carlos, rey emperador, y en la película La corona partida. Este año ha estrenado la serie Matices.
En EL PAÍS hemos repasado aquí su carrera, sus grandes declaraciones y confesiones y su vida. Y hemos contado, además, con dos textos de creadores muy cercanos a él: de Carlota Ferrer, que le dirigió en varias ocasiones en teatro, y de Juan Carlos Fresnadillo, amigo, fan y su director en Intacto.
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