Feliz viernes. Y feliz final del verano, querid@s lector@s
Porque, no nos equivoquemos, ver colear las tardes de agosto, empezar a sentir el fresco por las tardes, renunciar a meterse un día en la piscina, que el agua está muy fría, y sentir que tienes la cabeza más en la ciudad que en el pueblo, más en el trabajo que en la cena esa que has montado con tus amigos, es señal de que se nos echa encima septiembre. Como una tromba de agua. Aquí lo tenemos, a la vuelta del fin de semana. Pero os traigo buenas noticias. Estos últimos días han arrancado competiciones mayúsculas que nos tienen enganchados al televisor y a los medios. Y esto no ha hecho más que comenzar.
Llega septiembre con las promesas de las noches de Champions y con los primeros partidos exigentes de Liga. Que se lo pregunten al Atlético, o al Girona, o al Sevilla... Llega septiembre con un Eurobasket que nos debería hacer pensar, si puede ser evitando la nostalgia, que los años vividos con aquella generación de oro no llegaron por casualidad, que hace falta sumar talento, trabajo y una pizca de suerte, y hacer trabajar el engranaje. Y cuando el engranaje se rompe, hay que volver a empezar. Y eso no es fácil. Lo saben los Hernangómez, que vivieron con aquellos y conviven hoy con estos, los jóvenes, el futuro, los que han perdido el primer partido contra Georgia y andan ya con la premura de tener que ganar mañana a Bosnia y pasado a Chipre. Así de exigente es el baloncesto.
Llega septiembre con el US Open y el marine Alcaraz, con la Vuelta y un mayúsculo Vingegaard, con el arranque este sábado de la Liga F, con el mundial femenino de rugby, el regreso de la Fórmula 1... ¡Qué empiece la fiesta! Todos a la pista.
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