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A principios de este año, los incendios en Los Ángeles arrasaron la historia de generaciones de californianos al consumir las casas en las que habían crecido, las escuelas en las que estudiaron, sus viejos álbumes de fotografías, los árboles en los que alguna vez se habían resguardado del sol. Al ver la cobertura, pensamos en quienes habían perdido sus vidas, hogares, trabajos y vecindarios. Pero Hannah Dreier, reportera del Times, vio algo más: nada protegía a los hombres que combatían las llamas de inhalar el humo de esos incendios. Estas personas arriesgaban su salud para proteger vidas, pero ellas mismas no estaban protegidas. Durante los siguientes meses, investigó los riesgos laborales que enfrentaban los bomberos forestales. Recientemente, Hannah publicó el resultado. Para El Times de hoy conversé con ella sobre su reportaje.
La siguiente conversación ha sido traducida del inglés y editada y condensada por claridad y extensión. ¿Cómo llegaste a esta historia? Vi la cobertura de los incendios de Los Ángeles en enero y me impresionó ver a los bomberos en medio de un humo que parecía de lo más tóxico, sin mascarillas ni ningún otro tipo de protección respiratoria. Simplemente respiraban todo ese humo negro. Cuando empecé a preguntar a los bomberos sobre este tema, no dejaba de oír anécdotas inquietantes. Por ejemplo, a un bombero le dijeron a los 41 años que iba a necesitar un doble trasplante de pulmón. O un hombre de 30 años cuyo sistema cardiovascular estaba tan dañado que no podía jugar con sus hijos pequeños, ni siquiera cogerlos en brazos. ¿Cuánto tiempo dedicaste a la reportería? ¿Adónde te llevó tu investigación? Pasé ocho meses hablando con bomberos, con personas que estudian el humo y los respiradores, y con funcionarios y exfuncionarios del Servicio Forestal de Estados Unidos. También reporté desde la línea de fuego y seguí a una cuadrilla en el incendio de Gifford, el mayor del año en California. ¿Fue difícil conseguir que los bomberos contaran su historia? La mayoría me dijo que les gratificaba que alguien se interesara por sus experiencias. Muchos ni siquiera habían contado a sus amigos cercanos por lo que estaban pasando, debido al estigma que existe entre los bomberos a la hora de hablar de enfermedades. Canadá y Australia proporcionan mascarillas a sus cuadrillas; Estados Unidos sigue debatiendo su idoneidad. ¿Crees que esto se debe a diferencias culturales o políticas? Los denunciantes del Servicio Forestal me dijeron que se trata menos de diferencias culturales y más de la ansiedad institucional ante la admisión de los riesgos para la salud a largo plazo que conlleva la exposición al humo. Dijeron que si el Servicio Forestal reconociera lo arriesgado que es, tendría que empezar a asumir muchos costos nuevos: pagar más por el cuidado de la salud o contratar a más bomberos para que los trabajadores pudieran tomarse descansos. También podría resultar más difícil contratar personal para estos trabajos duros y mal pagados. Tu reportaje menciona que los funcionarios del Servicio Forestal presionaron para eliminar el mandato de mascarilla propuesto por el Departamento de Trabajo. ¿Cómo justificaron esta postura? El Servicio Forestal me dijo que no quiere que los bomberos lleven mascarillas cuando están trabajando porque podrían sobrecalentarse. Es cierto que las mascarillas suelen ser incómodas y a veces incluso pueden resultar asfixiantes, pero en la reportería descubrí que otros países con temporadas de incendios forestales importantes ahora dan a las cuadrillas mascarillas para protegerse del humo. Y no han observado un aumento de los golpes de calor: los bomberos simplemente se quitan la mascarilla si empiezan a tener demasiado calor. ¿Hay algo más que te gustaría que nuestros lectores supieran? Esta es una historia de salud laboral, pero también es una historia de cambio climático. La naturaleza de este trabajo ha cambiado mucho en las últimas décadas, a medida que la temporada de incendios se ha hecho más larga e intensa. Ahora la temporada de incendios dura casi todo el año. Así que estos bomberos están expuestos a ese humo tóxico casi continuamente.
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