Que paguen los ultrarricos
Además: tragedia ferroviaria en España
El Times
20 de enero de 2026

Bienvenidos a The World, un boletín sobre la actualidad internacional.

Grüezi, Welt! Llevo dos décadas asistiendo, en varias ocasiones, al Foro Económico Mundial de Davos. ¿Una diferencia entre la primera vez que fui y ahora? El número de multimillonarios —en el foro y en el mundo— se ha disparado. Lo que me hizo querer explorar una cuestión que anima la política desde California a Francia: ¿Cómo deberíamos gravar a los ultrarricos?

Además:

  • Un accidente ferroviario mortal en España.
  • Una mirada a la destrucción en Siria.
  • La última novela de Julian Barnes.
Manifestantes, algunos con disfraces hinchables, ante un edificio señorial con carteles azules y rojos en inglés y español.
Manifestantes frente a la casa del capitalista de riesgo David Sacks, en San Francisco, en noviembre. Mike Kai Chen para The New York Times

Gravar a los multimillonarios

Los multimillonarios de California se han rebelado.

En respuesta a un impuesto único del 5 por ciento propuesto para los habitantes más ricos de California, los fundadores de Google, Sergey Brin y Larry Page, trasladaron sus activos fuera del estado. El capitalista de riesgo David Sacks abrió una oficina en Texas. Peter Thiel, quien fundó PayPal con Elon Musk, donó 3 millones de dólares a una campaña contra la propuesta, que sus partidarios intentan incluir en la votación de noviembre.

El gobernador de California, el demócrata Gavin Newsom, ha prometido luchar contra el impuesto al patrimonio, advirtiendo que ahogaría la innovación. Pero los californianos no son los únicos que debaten sobre si los ultrarricos deben pagar más.

El número de billonarios se ha disparado, al igual que su riqueza: en 1987, la revista Forbes contaba solo 140 multimillonarios en todo el mundo. El año pasado, más de 3000 personas entraron en la lista. Solo Elon Musk vale unos 700.000 millones de dólares, no muy lejos de la fortuna colectiva de todos los integrantes de la lista de 1987, una vez ajustada a la inflación.

Sin embargo, pagan impuestos a tasas muy inferiores a las de los contribuyentes típicos, por razones que explicaré más adelante.

Existe un amplio apoyo público a gravar la riqueza. Los gobiernos necesitan dinero, los ricos son más ricos que nunca y, en una época de marcada desigualdad, la idea de recaudar más ingresos de los ultrarricos es moral y políticamente atractiva para muchos.

¿Pero es eficaz?

Un mal antecedente

Un impuesto al patrimonio se enfoca en los activos y no en los ingresos.

Los impuestos sobre la renta no funcionan bien cuando se trata de los muy ricos, pues la mayor parte de su riqueza está en acciones y otros activos, que pueden estructurar de manera que generen muy pocos ingresos sujetos a impuestos.

El tipo impositivo efectivo de los 400 estadounidenses más adinerados, por ejemplo, se situó en el 23,8 por ciento entre 2018 y 2020, frente al 30 por ciento que paga el contribuyente medio. Por eso, algunos gobiernos han intentado gravar la riqueza de forma más directa.

En las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, muchos países de Europa Occidental gravaban la riqueza neta de los hogares. Pero desde entonces la mayoría de los impuestos sobre el patrimonio se han suprimido. Son costosos de administrar: a diferencia de la renta, la riqueza puede ser difícil de medir. ¿Cómo se valora un Picasso o una participación en una empresa familiar? Además, este tipo de impuestos recauda relativamente pocos ingresos. No tanto porque hayan huido muchos ricos —la fuga de capitales es un fenómeno relativamente moderado, según demuestran los estudios—, sino porque en su mayoría han conseguido evitar el pago del impuesto, gracias a una serie de exenciones.

Los críticos de las recientes propuestas del impuesto sobre el patrimonio señalan esta historia como una razón para evitar volver a recorrer ese camino. Pero sus defensores afirman que los fallos de diseño del pasado pueden corregirse. Y señalan que la extrema concentración de riqueza actual acarrea sus propios costos económicos y políticos.

Un hombre tiende la mano a alguien en una habitación con paneles de madera.
El gobernador de California, Gavin Newsom, ha prometido luchar contra el impuesto sobre el patrimonio. Max Whittaker para The New York Times

Impuestos sencillos para los superricos

Hablé con Gabriel Zucman, el economista detrás de una controvertida propuesta francesa de impuesto sobre el patrimonio.

Me dijo que la forma de abordar los fallos de los anteriores impuestos al patrimonio es simplificarlos: un impuesto de tarifa fija centrado exclusivamente en los superricos. California solo tiene en la mira a quienes tienen fortunas de miles de millones de dólares, que son unas 200 personas en el estado. Eso reduce la carga administrativa. También resuelve en gran medida el problema de la valoración: la mayor parte de su riqueza está en acciones de empresas que cotizan en bolsa, no en yates u obras de arte.

El mayor reto es evitar la fuga de capitales. Los ultrarricos también son ultramóviles. Este problema se ha exagerado históricamente, pero un sistema sin exenciones aumentaría el incentivo de los ricos a huir de nuevos impuestos sobre la riqueza. Una forma de abordarlo es un impuesto de salida, que recaude dinero de quienes se marchan.

Estados Unidos ya tiene un impuesto de salida: los ciudadanos estadounidenses pagan impuestos estén donde estén, y si renuncian a su ciudadanía, tienen que pagar impuestos sobre todas las plusvalías no realizadas. Incluso Gavin Newsom dice que podría opinar de otro modo sobre un impuesto federal sobre el patrimonio que elimine el incentivo de irse de California.

Quienes se mantienen escépticos argumentan que existen otras formas de lograr objetivos similares. Elevar el impuesto de sucesiones para los ultrarricos y someter las plusvalías al impuesto sobre la renta ordinario podría aumentar los ingresos y abordar la desigualdad.

Últimamente ha habido cierta convergencia en torno a la idea de que sí es necesario abordar la desigualdad.

“La riqueza extrema compromete la democracia”, dijo Kenneth Rogoff, ex economista jefe del Fondo Monetario Internacional. “Los ricos pagan muy pocos impuestos. Y tienen una influencia increíble sobre el sistema político, y por eso es difícil de arreglar”.

El Foro Económico Mundial acaba de publicar una encuesta entre sus participantes, quienes consideran que la desigualdad es un riesgo importante. Alimenta “otros riesgos globales a medida que se tambalea el contrato social entre los ciudadanos y el gobierno”, dice el informe.

Hay al menos un multimillonario que asiste a Davos y que ha dicho que está encantado de pagar el impuesto sobre el patrimonio de California: Jensen Huang, director ejecutivo de Nvidia, la empresa más valiosa del mundo. “Elegimos vivir en Silicon Valley”, dijo recientemente. “Sean cuales sean los impuestos que quieran aplicar, que así sea”.

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Esta foto apareció en un reportaje del Times…