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Han pasado diez años desde que Bad Gyal decidió poner de moda el autotune versionando en catalán Work de Rihannna. Fue en 2016 (cuando empezaban a sonar palabras como viralidad o trap) que una joven de tan solo 19 años de Vilassar de Mar empezó a enamorar a los más jóvenes y a escandalizar a sus padres. Desde su habitación salieron temas como Mercadona o Fiebre, ahora considerados auténticos himnos por fans que recitan sus letras como otros recitan la Biblia. Y todo con unos looks y una puesta en escena que se podrían resumir en una de sus frases más repetidas: “No hay nada más feminista que hacer lo que te dé la gana”.
El ascenso como artista de Alba Farelo ha sido al mismo ritmo que su producción musical: vertiginoso pero constante. Empezó con algún mixtape y publicando muchos singles hasta que, hace un año, presentó su primer álbum, La Joia: 15 temas como Mi Lova, Chulo o Sin Carné que sirvieron para encumbrarla todavía más como una de las reinas de la música de baile. Una década en la que, a cada nuevo éxito, el escenario en el que lo presentaba era más grande: de subir a una tarima con tan sólo un micrófono y un pequeño altavoz a presentarse con un equipo de bailarines en el prime time del Sónar o el Primavera Sound. Una carrera que dió un salto más cuando, a principios de 2023, llenó su primer Palau Sant Jordi. Ahora, tan solo tres años después, ha conseguido agotar entradas para tres conciertos consecutivos en el mismo estadio (este viernes, sábado y domingo a las 21h).
Todo, para presentar su segundo gran proyecto, Más Cara, que estrenó hace dos semanas para que todos sus asistentes tuvieran tiempo de aprenderse los ritmos y las letras de canciones como Da Me, Fuma o Noticia de Ayer. Más de 51.000 personas (las entradas se agotaron en minutos) que saben que cuando la más ‘pegá de España’ sube al escenario, lo que sucede no es un concierto, “es una puta fiesta”. Por este motivo, El País recomienda algunas opciones para seguir bailando al terminar cada uno de los espectáculos del Sant Jordi
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