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Queridas lectoras, queridos lectores:
El regreso a la redacción tras unos días de descanso, con ocasión de la Semana Santa, ha traído consigo (como era de esperar) un ritmo algo más intenso. La noticia más ansiada por todos se dio en la madrugada del miércoles, con el anuncio del acuerdo de un alto el fuego de dos semanas entre Estados Unidos e Irán. Donald Trump lo ha celebrado con una de sus habituales publicaciones en su red social, Truth, en la que detalló que suspendía los bombardeos estadounidenses y su amenaza de aniquilar el país. A cambio, Teherán abrirá durante ese tiempo el estrecho de Ormuz, clave para el tránsito internacional de hidrocarburos. Del lado iraní, esto último lo ha confirmado el ministro de Exteriores, Abbas Araghchi, que añadió que su país tampoco atacará durante este tiempo.
La reportera en Washington Macarena Vidal Liy nos escribió un rápido análisis tras conocer el acuerdo. Esta es una parte:
"El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha presentado el acuerdo de alto el fuego de dos semanas con Irán como un triunfo. Un logro que describe en su estilo característico, con muchas mayúsculas y muchas exclamaciones. Pero, a la espera de ver los resultados que arrojarán las negociaciones en Islamabad, lo conseguido de momento es una tregua de términos pírricos. El gran logro de Washington es abrir un paso marítimo que no estaba cerrado antes de comenzar su ofensiva; por el camino ha ofendido a sus aliados y dinamitado su imagen internacional, ha vaciado sus arsenales de munición y ha puesto en contra a su opinión pública".
Los periodistas Antonio Pita, desde Jerusalén, y Trinidad Deiros Bronte, desde Madrid, aportan algo de luz a la tregua pactada:
Otra de las cuentas pendientes del republicano sigue sin resolverse. El jueves, Trump reiteró por enésima vez sus amenazas (y su enfado) a los aliados del gigante norteamericano en la OTAN, al negarse sus miembros a unirse a la guerra en Oriente Próximo. El republicano advirtió que se planteaba "seriamente" dejar la Alianza, que calificó de "tigre de papel".
Nuestra corresponsal en Bruselas, María R. Sahuquillo, nos envía este mensaje en el que analiza las palabras del republicano:
"Trump ha convertido en uno de sus exabruptos favoritos el ataque a la OTAN. Carga contra la Alianza Atlántica y contra sus aliados pese a que para EE UU, la OTAN es una plataforma política y militar de gran valor y las bases que tiene en Europa suponen un elemento clave para su propia seguridad. Pero a Trump, que ha mostrado un odio visceral por las organizaciones multilaterales, la OTAN no le gusta. Parece pensar que es el Ejército aliado particular de EE UU y cuando sus socios no saltan a lo que él dice, se enfada. Eso es lo que piensan en Bruselas, sede de la OTAN y de la UE (un bloque también en la diana del republicano), y donde contienen la respiración con cada embestida de Trump".
Sin embargo, para que las palabras del mandatario pasen a ser acciones, Trump necesitaría una mayoría cualificada del Senado (o supermayoría en el lenguaje estadounidense), es decir el voto a favor de dos tercios de los 100 senadores, o una ley del Congreso. Ambos escenarios son poco probables.
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