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El 'streaming' también quiere mandar en los eventos en directo
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Ferran Torres celebra el gol que dio el segundo Mundial a España el pasado julio. / AP PHOTO
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Este martes, Netflix anunciaba que se había hecho con los derechos del Mundial de fútbol 2030 para España y Andorra. La noticia no suponía una revolución en la televisión por el hecho de que una plataforma de pago fuera a emitir el Mundial: este año ya lo ha hecho DAZN y antes lo había hecho en el pago Movistar Plus o Canal+. Pero sí que suponía un giro de timón potente para Netflix, que hasta hace renegaba de los deportes en directo. Según la consultora Ampere Analysis, este es el mayor acuerdo relacionado con derechos deportivos firmado por Netflix desde que empezó a experimentar con la compra de derechos hace apenas tres años.
Pocos días antes fueron los Emmy los que anunciaron su traslado al streaming: los premios más importantes de la televisión dejarán en 2027 la televisión tradicional y pasarán a emitirse en todo el mundo en Prime Video de forma gratuita durante los próximos seis años. Se adelantan así a los Oscar, que se verán por YouTube a partir de 2029. Y en febrero, Disney+ emitirá la SuperBowl en EE UU y en más de 55 mercados internacionales. Aunque en EE UU seguirá viéndose en la televisión tradicional en ABC y ESPN, es otro golpe en la mesa más del streaming. Son los siguientes pasos en su conquista de los últimos bastiones que le quedan a la televisión tradicional: los deportes, las galas de premios y, en general, los grandes eventos en directo.
Vayamos por partes. Para el espectador, que Netflix vaya a emitir en España y Andorra el Mundial 2030 (en el que España será coanfitriona) no tiene por qué suponer mucho cambio respecto a lo que hemos vivido este año, cuando DAZN emitió todo el Mundial y RTVE se hizo con un paquete de partidos. La nota de prensa de Netflix ya explicaba que el acuerdo incluye que un partido de cada jornada se pueda ver gratis en España y que se ofrecerá a una cadena nacional de televisión en abierto un grupo de partidos que incluirá todos los de España, las dos semifinales y la final. La Ley General de Comunicación Audiovisual incluye a los partidos oficiales de la selección española absoluta masculina y femenina de fútbol y baloncesto como acontecimientos de interés general para la sociedad, y por tanto deben emitirse en abierto (aunque ese listado podría cambiar de aquí a 2030). Aún no se sabe cuál será esa cadena, ahora les tocará negociar con Netflix. Un portavoz de la plataforma me dice que el Mundial estará incluido en la suscripción habitual. Eso sí, nadie nos asegura que Netflix no vaya a subir el precio seis veces de aquí a 2030 (o que cambien de idea para entonces).
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Una imagen de la Super Bowl 2026. / AP
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El deporte en directo está cada vez más presente en las plataformas, incluso en aquellas no deportivas, como repasaba Héctor Llanos en este artículo. Por ejemplo, en España, Disney+ emite la Champions femenina a través de ESPN. Netflix emite lucha libre, algunos partidos de la NFL y en EE UU y Canadá emitirá la Copa Mundial femenina de fútbol de 2027 y 2031. HBO Max retransmitió, a través de Eurosport, los Juegos Olímpicos de 2024 y sigue ofreciendo Eurosport en su plataforma si se paga un complemento mensual. Prime Video tiene la NBA y WNBA, y Movistar y DAZN seguirán compartiendo los derechos de la Liga española de fútbol a partir de la próxima temporada, con cinco partidos por jornada cada uno.
¿Qué está pasando, por qué este giro hacia los deportes? Una clave está en la entrada de la publicidad en las plataformas de streaming. El deporte y los grandes eventos en directo ofrecen muchas posiblidades para atraer anunciantes, porque congregan a una gran cantidad de público al mismo tiempo y permite diferentes formas de patrocinios. En verano, Netflix dijo que tenía como objetivo llegar a los 3.000 millones de dólares en ganancias en publicidad para final de año, y para eso invertirá un 5% de su presupuesto en deportes en directo.
Otro factor relevante para este paso de los deportes a las plataformas lo contaba Bloomberg hace un año: los costes de emitir eventos deportivos se ha disparado porque es lo único que todavía atrae a audiencias masivas. Por ejemplo, explicaban que la NBA había triplicado el coste de sus derechos de emisión. Para los canales tradicionales cada vez es más complicado asumir ese gasto, mientras que Amazon, Apple, Netflix o YouTube tienen mucho más poderío. Así que es una fuente de ingresos tanto para las plataformas (por la publicidad) como para los deportes, que reciben más por los derechos de emisión. Además, las mejoras tecnológicas ahora permiten que el streaming gane fuerza porque ya no hay tanto peligro de que la emisión se cuelgue como podía ocurrir antes.
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Mariska Hargitay, en la apertura de los Emmy el pasado 14 de septiembre de 2026. / REUTERS
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¿Y qué pasa con las galas de premios? Los deportes dan audiencias gigantes, sí, pero no ocurre lo mismo con estas ceremonias que, año tras año, han visto cómo sus seguimiento va cayendo. Sin embargo, aquí el objetivo es otro: el prestigio. A las cadenas en abierto ha dejado de interesarles retener esas galas que caen en audiencia y cada vez son más costosas: solo les sirve para perder dinero. La gente sigue interesada en ellas, pero muchos jóvenes prefieren verlas fragmentadas en vídeos cortos, reels en redes sociales y los memes del día siguiente antes que tragarse tres horas de gala. Sin embargo, a las plataformas les sirve para ganar prestigio y audiencia en directo.
El paso de los Emmy a Amazon supone el fin de más de siete décadas de emisión en la televisión en abierto (se turnaban entre las cuatro principales cadenas). Los Oscar llevaban desde 1961 emitiéndose en ABC (con una interrupción de cinco años en NBC en los años setenta), y en 2029 se pasan a YouTube.
Que los Emmy salten al streaming es algo que se veía venir. Según cuentan en Los Angeles Times, directivos de canales en abierto llevaban años diciendo que la emisión se había convertido en un evento publicitario para la competencia, primero para los canales de cable como HBO, AMC o Showtime y ahora también para las plataformas. “La mayor exposición de los canales en abierto en los Emmy en los últimos años ha venido a través de tributos a series clásicas y el segmento In Memoriam”, decían, con mucha razón, en Los Angeles Times. También afirman que Netflix había valorado hacerse con la emisión de los Emmy, pero no lo vieron rentable.
Y así, poco a poco, el streaming va haciéndose con algunas de las claves que todavía mantienen viva la televisión tradicional, como son la publicidad y los eventos en directo, especialmente el deporte. Sigue siendo curioso cómo las plataformas, que comenzaron como una alternativa a la vieja televisión, han ido mirando y acercándose cada vez más a aquello de lo que se querían distanciar. Sus prioridades van cambiando y ya no solo quieren tener muchos suscriptores, sino que también quieren retenerlos y tenerlos navegando en ellas todo el tiempo posible. Si para eso hay que darles videojuegos, videopodcasts, realities o fútbol, adelante con ello.
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Lo que estoy viendo
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Bradley Whitford, Keri Russell y Rufus Sewell, en la cuarta temporada de 'La diplomática'. / NETFLIX
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Buenas noticias: para regocijo de todos, ha vuelto La diplomática (Netflix). Y vuelve sin perder una pizca de eso que la hace taaaan adictiva. He visto ya los cuatro primeros capítulos de la nueva tanda y ya os adelanto que casi todos terminan como si de un final de temporada se tratase, a ese nivel estamos de giros de guion. Lo más divertido es ver cómo, a estas alturas de la historia, las decisiones políticas de los personajes y sus relaciones personales están sumamente relacionadas, cómo los personajes luchan por que lo emocional no les afecte en lo laboral (pero afecta, por supuesto). Y me encanta la habilidad que tiene esta serie para colar humor por donde menos te lo esperas. Ya os conté que vi las temporadas anteriores en maratón hace un mes y me parece una de las series más divertidas, y por tanto, inteligentes, que hay ahora mismo. En cuanto a la trama de la temporada, continúa donde se quedó, y no os digo más porque cualquier otra cosa que os cuente sería espóiler.
No sé si os dije por aquí que he empezado a saldar una de mis grandes cuentas pendientes y por fin comencé hace unas semanas Slow Horses (Apple TV). He visto (o devorado) las dos primeras temporadas ya. He parado un poco para descansar de espionaje, pero sí que engancha salvajemente. Mientras espero unos días antes de empezar la tercera, me he puesto El club gastronómico (De Eetclub), haciendo caso a la insistente recomendación del algoritmo de Netflix (aunque sé que tengo al algoritmo loco por motivos laborales). Es un thriller de Países Bajos sobre un grupo de amigos, cuatro parejas que viven en su burbuja despreocupada hasta que la muerte de uno de ellos en un incendio empieza a sacar secretos a la luz. Estoy viéndola sin mucha emoción, odio tanto a los personajes que solo les deseo el mal y la historia está llena de pistas falsas y saltos en el tiempo que a veces son confusos. Siento decirte, señor Netflix, que en contra de tu opinión, yo no diría que me esté encantando.
Por cierto, antes de pasar a otras cosas, una recomendación que no tiene que ver con la televisión: mis compañeras de la sección de Gastro han lanzado una nueva y muy recomendable newsletter a la que os podéis apuntar aquí. Yo ya lo he hecho.
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